Los dinosaurios políticos de México


El economista Macario Schettino hizo al final del proceso electoral de este año uno de los mejores análisis. Con base en números y resultados de los comicios, el analista centra su crítica en la vejez de los partidos políticos más grandes, el PRI, el PAN y el PRD.

Este análisis fue entregado en diversas columnas del diario El Financiero, pero a continuación las reproducimos en conjunto.

El viejo PRI 


El PRI gobernó sin competencia alguna este país desde antes de su fundación y hasta 1997 en que pudimos tener elecciones en serio. Desde entonces, no ha podido superar 40 por ciento del voto. Se mantuvo entre 35 y 40 por ciento hasta la derrota humillante de 2006, que me parece les ayudó a entender que todo había cambiado.

Tuvieron 29 por ciento del voto en ese año, pero lograron recuperar casi todo para 2009, cuando alcanzaron 39 por ciento. En la elección de 2012 bajaron a 36, y ahora no llegan a 31 por ciento.

Comparando puras elecciones intermedias, el PRI pasa de 11.3 millones de votos en 1997 a 9.8 millones en 2003, 12.7 en 2009 y 10.6 millones en 2015. Todos los datos anteriores no incluyen al Partido Verde, que desde 2003 es apéndice del PRI. No lo incluyo porque confunde las cifras y porque creo que la utilidad de este partido empieza a ser inferior a su costo. Aunque el PVEM nunca ha sido muy respetuoso de la ley, en esta campaña fue francamente cínico. 

El uso de redes sociales incluso el mismo día de la elección es indefendible. Si el espíritu de la ley prevalece, el Partido Verde debería ser castigado con la pérdida de registro. Si antes no estaba convencido, ahora sí lo estoy, y además creo que es el momento adecuado para hacerlo. Ya ellos sabrán si se suman al PRI o vuelven a construir un partido, pero el castigo es muy importante para la salud del sistema electoral.

De regreso al PRI, me parece que sufre de los mismos problemas que ayer comentaba para Acción Nacional: un partido viejo, pero con una fama de corrupto que es insuperable. Note usted que a diferencia del PAN, el PRI tiene hoy menos votos que hace 18 años, y la tendencia indica que esta caída continuará. Sus votantes son aún más viejos que los del PAN, y sobre todo son mayoritariamente personas sin estudios. Ese perfil se reduce rápidamente en México.

Tal vez confiando en exceso en el Partido Verde, el PRI no ha renovado sus cuadros directivos. Pero insistiría en que el Verde puede ser más un lastre que un apoyo para 2018, de forma que el PRI debe hacer sus cuentas esperando una votación cercana a 25 por ciento. El Verde no podrá darle más de cuatro puntos adicionales, en el mejor de los casos. Para competir seriamente por la presidencia deberán incluir a Nueva Alianza y tal vez a Encuentro Social.

Sin embargo, tengo la impresión de que el costo de la marca será cada vez más notorio, conforme el votante tradicional del PRI desaparece por simple demografía. Si bien el PRI no requiere la revolución interna del PAN, y no tiene liderazgo disperso, tiene un problema mayúsculo con la sucesión. Desde 1997, nadie ha podido ganar la presidencia saliendo del gabinete. Ha sido el Congreso o una gubernatura lo que da el impulso necesario. Los principales gobernadores del PRI están fuera de la contienda, dudo que los secretarios puedan cambiar la tendencia mencionada, y el riesgo de confrontación interna es mayúsculo. No es como en 2009, cuando Peña Nieto tenía ya todo acomodado, pues.

Un último detalle: observe usted que en el DF, Jalisco, Nuevo León y Veracruz, el PRI no llega a 30 por ciento. En Estado de México, a 33 por ciento. En esos estados está 40 por ciento del padrón. El tiempo del PRI parece estar por terminar, también sin poder cumplir un siglo como fuerza organizada, aunque sí lleven 100 años en diversas trasmigraciones.

El futuro del PAN


En 1997, que es el momento a partir del cual podemos confiar en los datos, el PAN obtuvo 27 por ciento de los votos para diputados, que en 2000 se fueron a 39 por ciento, con el efecto Fox. Tres años después estaban en 32 por ciento, pero en 2006 vuelven a subir, en la elección más competida, a 34.4 por ciento. De ahí en adelante, la caída: 30 por ciento en 2009, 27 en 2012, 22 en 2015 (PREP). Si consideramos sólo las elecciones intermedias, para no complicar con los efectos de candidatos presidenciales, entonces el PAN pasó de 7.7 millones de votantes en 1997 a 8.2 millones en 2003, 9.7 en 2012 y 7.7 en 1997. Está en donde estaba hace 18 años, aunque el número de votantes totales ha crecido en 20 por ciento.

Con los defectos de toda comparación, me parece que el caso del PP en España puede ilustrar. Un partido que envejece, se llena de corrupción, y que le cierra el espacio a los liderazgos alternativos, que deben buscar otros caminos. Acá, Alfonso Martínez y Manuel Clouthier ganaron por fuera, el primero en Morelia y el segundo en Culiacán. Y no ganaron, pero se fueron a Movimiento Ciudadano, personajes reconocidos en Nuevo León, Sonora, Colima, etcétera.

Gustavo Madero no pudo ganar, aunque tenía la bandera de la reforma fiscal, que acá dijimos sería de gran utilidad en el centro-norte del país. Tres cuartas partes de los votos perdidos están en seis estados: DF, Estado de México, Veracruz, Jalisco, Chiapas y Sinaloa. En los primeros tres, el PAN está muy desvencijado; en Jalisco se fueron al MC, en Chiapas arrasó el Verde, y en Sinaloa… hundieron al PAN con Malova. Aunque son primera fuerza en Nuevo León, perdieron la gubernatura.

Pero si bien Madero es derrotado, también lo son los otros dos grupos que compiten por el control del PAN. Moreno Valle no logró ganar Puebla, y Calderón no lo logró en Michoacán. Los tres, sin embargo, tienen algunas cositas para defenderse: Querétaro les sirve a los tres, por ejemplo.

Pero esto lo que implica es que el PAN enfrenta escenarios muy negativos. Sus votantes no son jóvenes (como ilustró El Financiero el 10 de junio), sus dirigentes son viejos, la imagen de honradez ya no la tienen, y están divididos en tres partes, con liderazgos testarudos, por decirlo de alguna manera.

Sin una revolución interna, y un muy buen candidato en 2018, la expectativa de voto difícilmente superará 20 por ciento, y es posible que quede por debajo de ese nivel. Los votos que perdieron a manos del Movimiento Ciudadano y de Encuentro Social no parece que puedan regresar fácilmente. En Jalisco, Alfaro puede quedarse con esos votos por un buen tiempo. Los grupos de Encuentro Social, por su parte, tienen ahora algo con qué negociar alianzas, y ya no le saldrá gratis al PAN contar con ellos.

Ignoro si los viejos barones y familias del PAN puedan convocar a la revolución referida. Si no lo logran, la brega de eternidades no llegará siquiera a los 100 años.

¿Y qué será de la izquierda?

Lector, hasta ahora, seguro se habrá imaginado que López Obrador está en caballo de hacienda rumbo a 2018. Nada más falso.

El principal partido de la izquierda ha sido el PRD. En 1997 obtuvieron casi 26 por ciento de los votos y se colocaron como segunda fuerza en el primer Congreso sin mayoría de la historia. De ahí en adelante, las elecciones intermedias no han sido muy buenas para ellos: 18 por ciento en 2003, 13 en 2009, 12 por ciento en la actual (ya con la desaparición del PT).

En las presidenciales les va un poco mejor, porque van en alianza con el PT y Movimiento Ciudadano, que han aportado históricamente 3.0 y 2.5 por ciento. Así, en 2000 obtuvieron 19 por ciento, en 2006 casi 30 y en 2012, 23. Si restamos a esas cifras la aportación de los otros partidos, entonces el porcentaje obtenido en las dos presidenciales recientes baja a 24 y 18 por ciento, respectivamente.

Esto significa que en esas elecciones su candidato presidencial, López Obrador, ha logrado añadir cinco puntos. Ni más, ni menos. Esos cinco puntos, lo he comentado en otras ocasiones, provienen fundamentalmente de votantes del PRI. Y así ocurrió en la elección actual, en la que Morena, el membrete creado por AMLO, obtuvo casi 9.0 por ciento. Los cinco puntos que vienen del PRI, y un par de puntos de PRD y PT. El primero bajó de 13 a 11 por ciento y el segundo de 4.0 a 3.0, comparando con 2009.

Dicho de otra manera, parece que cada quien ya tiene lo suyo: el PRD, 11 puntos; Morena, nueve; y el sorprendente Movimiento Ciudadano, 6.5 por ciento, gracias a las alianzas regionales con quien se dejara: desde Alfaro en Jalisco hasta varios panistas en distintos estados. No creo que se pueda asegurar que toda la votación actual de MC pueda asignarse a la “izquierda”, como ya he comentado antes. Tal vez un par de puntos correspondan más bien a lo que llamamos “derecha”, y no puedan atraerse en futuras votaciones, si en esa parte hay opciones atractivas.

Cinco de los seis diputados del PT se agruparon ya con el PRD, así que tal vez dos de sus ytres puntos acaben en ese partido. La votación de la izquierda está en 28 por ciento, si van unidos. Si no, calcule entre 13 para PRD con los restos del PT, nueve para Morena y seis para MC, y haga números de las alianzas posibles.

Ahora ya no sólo hay un potencial candidato “fuera del sistema”. Ahora es posible imaginar a Alfaro compitiendo por la gubernatura en Jalisco, varios otros haciendo lo mismo en distintos estados, y tal vez un par por la presidencia. Incluso el mismo Bronco podría hacerlo. Como ya en otras ocasiones hemos comentado acá, la posibilidad del PRD regresando a manos de AMLO la veo sumamente remota. Es claro el intento de éste por desfondar a su antiguo partido, pero hasta hoy no ha tenido éxito. Se llevó algo, pero sus votos siguen siendo los suyos, y no los del PRD.

Sin embargo, el PRD comparte con los otros dos partidos grandes sus defectos: envejecimiento y corrupción. Si logran renovar sus estructuras, pueden bloquear las presiones de Morena, buscar un buen candidato para 2018, y mantener una posición significativa en el espectro político. Renunciar a ello y subordinarse a López Obrador no creo que sea una opción atractiva. Dividiendo no se suma, como ya habrán entendido muchos en la izquierda.

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