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El "escudo de silicio" de Taiwán: por qué una fábrica de chips pesa tanto en la geopolítica y cuánto protege de verdad



Pocas empresas concentran tanto poder estratégico como TSMC, el gigante taiwanés de los semiconductores. Según un análisis de El Orden Mundial publicado en 2024, las empresas taiwanesas producen 68 % de los semiconductores del planeta y 92 % de los más avanzados. Una nota de Xataka del mismo año da una cifra parecida, alrededor de 90 % de los chips de alta integración, y sitúa a TSMC en torno a 60 % del mercado. Las cifras no coinciden al decimal porque cada fuente define distinto qué cuenta como chip avanzado, y conviene leerlas como un orden de magnitud, no como un dato exacto.


El mismo texto de El Orden Mundial recoge datos del Gobierno taiwanés para 2023: la isla tenía 21,3 % del mercado global de diseño de chips, 77,9 % de la fabricación de obleas y 52,6 % del ensamblaje y las pruebas finales. Es decir, el peso de Taiwán no está en inventar todos los chips, sino en fabricarlos. De ahí viene la expresión "escudo de silicio": la idea de que una invasión china destruiría o paralizaría una industria de la que depende el resto del mundo, de modo que atacar saldría carísimo para todos, incluido Pekín.


Los defensores de la idea recuerdan un precedente reciente. Durante la pandemia, los confinamientos y las interrupciones en la isla retrasaron la entrega de teléfonos y automóviles en varios países. Si una crisis sanitaria bastó para eso, razonan, un conflicto armado causaría un daño económico global mayor que el de 2008 o el de la pandemia, según resume El Orden Mundial. Esa es la lógica de la disuasión: el costo esperado de la guerra frena a quien podría iniciarla.


Pero la propia literatura consultada pone matices. El texto de El Orden Mundial admite que no es seguro que el escudo sea infalible, ni siquiera que exista en sentido estricto, y plantea el argumento inverso: una dependencia tan grande podría volver más atractiva la isla para quien quiera controlar esa tecnología. Xataka cita al analista Eric Chen, de DigiTimes Asia, quien sostiene que la importancia de TSMC ya no basta por sí sola para disuadir a China ante el aumento de las tensiones entre Estados Unidos, China y Taiwán. Además, TSMC se expande en Estados Unidos, Europa y Japón, en parte para cubrirse de este riesgo, lo que a la vez diluye la concentración que sostenía el argumento.


La misma nota de Xataka resume un juego de guerra del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), un centro de estudios con sede en Washington. En ese ejercicio, una defensa conjunta de Estados Unidos, Taiwán y Japón podía frenar una invasión anfibia convencional, pero con costos muy altos. Un bloqueo, en cambio, provocaría escasez de materias primas para fabricar chips, probablemente daños en las fábricas y un desplome de las exportaciones. Chen estima que un conflicto en esas condiciones podría retrasar 20 años el desarrollo tecnológico mundial. Es una estimación de un analista, no un cálculo verificable.


Hay límites que reconocer. El texto de El Orden Mundial al que se tuvo acceso es solo su introducción, pues el resto está reservado a suscriptores; los dos artículos son de 2024 y no recogen cambios posteriores; y los juegos de guerra son escenarios, no pronósticos. Lo que sí permiten afirmar es que la tesis tiene un fundamento real, la concentración industrial, y también una debilidad real: la disuasión depende de cómo calcule cada actor, y esa cuenta puede cambiar. Para el lector, la pregunta útil no es si el escudo existe, sino cuánto del cálculo de seguridad de Taiwán depende de él y cuánto de factores militares y diplomáticos que las cifras de producción no muestran.


**Fuentes:** El Orden Mundial (El "escudo de silicio": ¿protegen los chips a Taiwán de una invasión china?, Daniel Iriarte, junio de 2024; solo se pudo leer la introducción); Xataka (El escudo de silicio no garantiza la seguridad de Taiwán frente a China. Los juegos de guerra ya están en marcha, abril de 2024).