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La nueva ideología dominante ya no cree en el libre mercado sin fronteras




Durante casi cuarenta años, desde Reagan y Thatcher hasta la globalización de los años 2000, el consenso ideológico dominante en buena parte de Occidente fue relativamente simple: menos Estado, más mercado, fronteras abiertas al comercio y al capital. Ese consenso ya no existe, y lo que lo está reemplazando no es exactamente su opuesto —no es un regreso al socialismo de Estado— sino una síntesis nueva que algunos analistas han bautizado como "homeland economics" o nacionalismo económico.

Esta corriente combina elementos que hace una década parecían incompatibles: aranceles y proteccionismo industrial (la marca de fábrica de la segunda administración Trump), subvenciones estatales masivas a sectores estratégicos, mayor regulación de mercados y, al mismo tiempo, un discurso de "patria primero" que no necesariamente rechaza la propiedad privada ni el capitalismo como sistema. El propio semanario The Economist —históricamente la voz más influyente del liberalismo económico global— ha documentado con alarma esta "tendencia" hacia el proteccionismo nacional de industrias, el aumento del gasto público y la regulación de mercados en gobiernos de muy distinto signo político.

El dato que mejor ilustra el cambio de época es el de las nacionalizaciones: según cálculos del economista Nicholas Mulder recogidos por el FMI, entre 2016 y 2026 se nacionalizaron activos por un valor de entre 239,000 y 544,000 millones de dólares en todo el mundo, desde tierras raras en Estados Unidos hasta litio, oro, uranio y níquel en distintos países. Esto no es exclusivo de gobiernos de izquierda ni de derecha: Washington adquirió una participación mayoritaria en su único productor nacional de tierras raras bajo una administración republicana, mientras Rusia confiscó activos extranjeros por más de 48,000 millones de dólares tras la invasión de Ucrania.

Lo distintivo de esta nueva síntesis ideológica es que logra unir a votantes que se identifican como conservadores tradicionales con otros que históricamente habrían rechazado cualquier intervención estatal en la economía, bajo la premisa compartida de que la globalización sin control debilitó a las clases trabajadoras nacionales. Sus críticos —desde liberales clásicos hasta libertarios— responden que la historia del nacionalismo económico en el siglo XX terminó en proteccionismos empobrecedores y guerras comerciales, y que confundir "soberanía económica" con aranceles generalizados es repetir errores ya conocidos. El debate, en cualquier caso, ya no es entre izquierda y derecha: es entre quienes creen que el Estado debe volver a dirigir la economía estratégica y quienes siguen apostando por mercados abiertos, y esa línea atraviesa hoy a todos los partidos tradicionales.



Fuentes: Instituto Juan de Mariana / FMI (Nicholas Mulder), La Razón (Bolivia) sobre The Economist, Wikipedia (Conservadurismo, Neonacionalismo), El Cato.