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El comunitarismo: la crítica que le recordó al liberalismo que nadie vive solo


 

En 1971, el filósofo estadounidense John Rawls publicó Teoría de la justicia, probablemente el libro de filosofía política más influyente del siglo XX. Su propuesta era un experimento mental: imaginar que diseñamos las reglas de la sociedad tras un "velo de ignorancia", sin saber si seremos ricos o pobres, creyentes o ateos, hombres o mujeres. Desde esa posición imparcial, argumentaba Rawls, elegiríamos libertades iguales para todos y desigualdades solo si benefician a los más desfavorecidos. Una década después, un grupo de pensadores lanzó contra ese edificio una objeción que todavía resuena: las personas reales no existen detrás de ningún velo.

Esa objeción dio origen al comunitarismo. Sus nombres principales fueron Michael Sandel, que publicó El liberalismo y los límites de la justicia en 1982; Alasdair MacIntyre, autor de Tras la virtud (1981), fallecido en mayo de 2025; Charles Taylor, con Fuentes del yo (1989); y Michael Walzer, con Las esferas de la justicia (1983). Ninguno aceptó del todo la etiqueta, pero compartían una intuición: el liberalismo parte de un "yo desvinculado", un individuo que elige sus fines en el vacío, cuando en realidad nuestra identidad se forma dentro de familias, tradiciones, religiones, lenguas y comunidades que no elegimos.

De esa crítica se derivan varias tesis. La primera es que la neutralidad del Estado ante las distintas ideas de vida buena es imposible o indeseable: toda ley expresa algún juicio sobre qué vale la pena. La segunda es que los derechos individuales, sin un sentido de pertenencia y de deberes compartidos, producen sociedades atomizadas. MacIntyre fue más lejos: sostuvo que la moral moderna es un conjunto de fragmentos de tradiciones perdidas y que solo se puede recuperar la virtud en comunidades concretas con prácticas comunes. Walzer, desde la izquierda, defendió que cada bien, como la salud, la educación o el poder político, debe distribuirse según criterios propios de su esfera, para que el dinero no lo compre todo.

En los años noventa, el sociólogo Amitai Etzioni convirtió estas ideas en un programa político, el "comunitarismo responsivo", que equilibraba derechos y responsabilidades. Su lenguaje influyó en la Tercera Vía de Bill Clinton y Tony Blair, y más tarde en corrientes como el Blue Labour británico. Sandel actualizó la crítica en La tiranía del mérito (2020), donde sostiene que la meritocracia ha generado arrogancia en los ganadores y humillación en quienes se quedaron atrás, un resentimiento que ayudaría a explicar el auge del populismo.

El comunitarismo tiene una particularidad: no encaja en el eje izquierda-derecha. Su defensa de la comunidad y los deberes lo acerca al conservadurismo, mientras que su crítica al mercado y a la desigualdad lo emparenta con la socialdemocracia. Por eso lo reivindican tanto progresistas preocupados por la cohesión social como conservadores que denuncian la erosión de la familia y las instituciones intermedias.

Las críticas son conocidas. Los liberales responden que Rawls nunca negó que las personas vivan en comunidad: su objetivo era encontrar reglas justas para sociedades donde conviven comunidades con valores incompatibles. Advierten además que la comunidad también puede oprimir: a las mujeres, a las minorías religiosas o sexuales, a quien quiere romper con la tradición en la que nació. Otros señalan la vaguedad del concepto: ¿qué comunidad cuenta, la familia, el barrio, la nación o la religión? El propio Rawls incorporó parte de la crítica en su obra posterior, Liberalismo político (1993). El debate no tuvo un ganador claro, pero dejó una pregunta que sigue vigente en tiempos de soledad y polarización: ¿cuánto de lo que somos nos pertenece y cuánto le debemos a los demás?

Fuentes: Rawls, Teoría de la justicia (1971) y Liberalismo político (1993); Sandel, El liberalismo y los límites de la justicia (1982) y La tiranía del mérito (2020); MacIntyre, Tras la virtud (1981); Taylor, Fuentes del yo (1989); Walzer, Las esferas de la justicia (1983); Stanford Encyclopedia of Philosophy ("Communitarianism"); La Nación; Le Grand Continent.