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Amigos, no los más baratos: el "friendshoring" y la nueva geografía del comercio mundial



Durante las tres décadas que siguieron a la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001, la lógica que organizó las cadenas de suministro globales fue prácticamente única: producir donde resultara más barato, sin importar demasiado dónde ni bajo qué régimen político. Esa lógica se está revirtiendo de forma acelerada bajo un concepto que ganó terreno primero en los despachos de política exterior y hoy define decisiones concretas de inversión corporativa: el "friendshoring", o la estrategia de reubicar producción y proveedores en países considerados aliados geopolíticos confiables, aunque eso implique costos más altos que mantener la producción en el proveedor más barato disponible.


El caso más citado de esta reconfiguración es el llamado "nearshoring" hacia México, que en el marco del T-MEC se ha convertido en el ejemplo regional más visible de friendshoring aplicado: empresas estadounidenses trasladan proveedores desde Asia hacia territorio norteamericano no solo por cercanía logística, sino porque México ofrece la combinación específica de menor riesgo geopolítico frente a China y costos laborales todavía sustancialmente más bajos que los de Estados Unidos. Pero el fenómeno no se limita a América del Norte: gobiernos europeos impulsan su propia versión bajo el paraguas de la "reindustrialización", buscando repatriar manufactura crítica —semiconductores, baterías, farmacéuticos— que la pandemia y las tensiones con Rusia y China expusieron como puntos de vulnerabilidad estratégica.


El economista que mejor ha descrito el fenómeno en términos macroeconómicos lo enmarca como "fragmentación geoeconómica": un mundo que durante décadas avanzó hacia mayor integración comercial global ahora se reorganiza en bloques regionales más pequeños, organizados menos por eficiencia pura y más por alineamiento político y confianza estratégica. El costo de esta reorganización no es menor: estudios de organismos multilaterales estiman pérdidas significativas en el producto global si la fragmentación se profundiza, precisamente porque duplicar cadenas de suministro por bloque geopolítico —en lugar de mantener una sola cadena globalmente optimizada— implica renunciar a ganancias de eficiencia acumuladas durante generaciones de globalización.


Las empresas multinacionales enfrentan hoy una disyuntiva que hace una década era prácticamente inexistente: seguir optimizando exclusivamente por costo, asumiendo el riesgo de que una disrupción geopolítica —un conflicto, un arancel súbito, una sanción— paralice operaciones enteras, o pagar una prima de seguridad por diversificar y regionalizar proveedores, sacrificando margen a cambio de resiliencia. Lo que parece cada vez más claro, según analistas de comercio internacional, es que la era en que la eficiencia pura dictaba sin contrapesos las decisiones de manufactura global ha terminado, y en su lugar emerge un cálculo híbrido donde la geopolítica pesa tanto como el costo por unidad producida, con consecuencias que apenas comienzan a manifestarse en los precios y la disponibilidad de bienes que los consumidores del mundo entero dan por sentados.


Fuentes: Pictet para Ti, Capgemini (Reindustrialización de Europa y EE.UU.), análisis de fragmentación geoeconómica (Substack especializado), Real Instituto Elcano, cobertura de nearshoring México-EE.UU.-Canadá en el marco del T-MEC.