Mientras la derecha tecnológica de Silicon Valley construye su visión del futuro alrededor de la aceleración, la eficiencia y el escepticismo hacia la democracia liberal, existe otra corriente intelectual, de raíces muy distintas, que compite por el alma de la nueva derecha global: el posliberalismo, una crítica al liberalismo articulada mayoritariamente desde el pensamiento social católico, con el vicepresidente estadounidense J.D. Vance como su figura política más visible.
El posliberalismo estadounidense se organiza alrededor de un grupo reducido de intelectuales —Patrick Deneen, Adrian Vermeule, Sohrab Ahmari, Gladden Pappin, Chad Pecknold— que comparten un diagnóstico: el liberalismo, lejos de ser neutral ante distintas concepciones de la vida buena, terminó imponiendo su propia visión moral —individualismo radical, autonomía personal como valor supremo— disfrazada de neutralidad. Casi todos ellos son católicos, varios conversos recientes —el propio Vance se convirtió al catolicismo casi al mismo tiempo que completaba su giro político hacia Trump—, y su crítica se apoya con frecuencia en la enseñanza social católica tradicional, aunque algunos, como Vermeule, también recurren a pensadores jurídicos más controvertidos, incluido el jurista alemán Carl Schmitt.
Distinto pero emparentado es el "conservadurismo nacional" de Yoram Hazony, autor de "The Virtue of Nationalism" y fundador de la Fundación Edmund Burke: mientras el posliberalismo se concentra en una crítica filosófica al individualismo liberal, Hazony construye un armazón político más amplio que combina nacionalismo, cristianismo público y hostilidad hacia instituciones "globalistas" como la ONU o la Unión Europea. Ambas corrientes coinciden en un punto central: allí donde exista una mayoría cristiana, sostiene la declaración de principios del conservadurismo nacional, la vida pública debería estar enraizada en esa tradición religiosa, no en un pluralismo que sus defensores consideran una ficción liberal.
La propia coexistencia de estas corrientes revela una fractura interna en la nueva derecha global que rara vez se explica con precisión: el posliberalismo desconfía tanto del libertarismo económico tradicional como de la derecha tecnológica secular de Silicon Valley, a la que considera igual de "liberal" en su fe ciega en el mercado y el individuo autónomo, mientras el conservadurismo nacional de Hazony se muestra dispuesto a construir puentes con esa misma derecha tecnológica cuando comparten enemigos comunes. Los críticos de ambas corrientes —desde analistas de centroizquierda hasta liberales clásicos— coinciden en señalar un mismo riesgo: su disposición a aceptar, en palabras de un análisis reciente, "la sustitución de la democracia y la limitación radical de la libertad" como precio necesario para enfrentar lo que perciben como amenazas civilizacionales existenciales, una postura que sus defensores prefieren describir, en cambio, como el rescate de un orden moral que el liberalismo llevaría décadas erosionando sin que nadie se atreviera a nombrarlo.
Fuentes: Aceprensa (x3), Wikipedia (Posliberalismo), Descifrando la Guerra, El Mostrador, Daniel Iglesias Grèzes (Substack), Portal Insurgencia Magisterial, Jewish Currents.
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