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India: la superpotencia que ya es cuarta economía mundial, pero todavía no logra actuar como una




De las 20 economías más grandes del mundo, ninguna crece tan rápido como India: entre 6% y 7% anual, por encima incluso de China. En 2025, su PIB superó los 4 billones de dólares, desplazando a Japón como cuarta economía del planeta, solo detrás de Estados Unidos, China y Alemania. El propio primer ministro Narendra Modi ha declarado sin matices que India "es el centro de la escena mundial". La pregunta que divide a los analistas de geopolítica no es si India está ascendiendo —eso ya nadie lo discute— sino si ese ascenso económico se traducirá alguna vez en el peso geopolítico de una superpotencia real.

El viento a favor de India es, en buena medida, el resultado de decisiones ajenas: la rivalidad entre Estados Unidos y China, combinada con el aumento de los costes productivos en el gigante asiático, ha llevado a numerosas empresas occidentales a relocalizar producción en territorio indio, un fenómeno conocido como friendshoring. Nueva Delhi ha sabido capitalizar esa oportunidad con una diplomacia de equilibrio: mantiene relaciones comerciales con Washington —incluyendo un acuerdo reciente que redujo aranceles estadounidenses del 50% al 18% a cambio de que India bloqueara importaciones de petróleo ruso y aumentara sus compras de bienes estadounidenses— mientras preside en 2026 la cumbre de los BRICS y consolida su papel como uno de los liderazgos autoproclamados del "Sur global". En febrero de 2026, India organizó además la Cumbre de Impacto de la IA, inaugurada por Modi junto a Emmanuel Macron y António Guterres, con la participación de los directores de OpenAI, Anthropic y Google DeepMind, un gesto claro de que Nueva Delhi busca sentarse en la mesa donde se define la gobernanza tecnológica global, no solo observarla.

Los obstáculos internos, sin embargo, son tan reales como el crecimiento económico. Cerca de 129 millones de personas —aproximadamente 9% de la población— siguen viviendo en pobreza extrema según el Banco Mundial. El sistema de castas continúa generando desigualdades estructurales profundas, a las que se suman tensiones religiosas, lingüísticas y de género que politólogos citados por publicaciones como Foreign Affairs señalan como un lastre persistente para cualquier aspiración de liderazgo internacional coherente. El propio Instituto El Orden Mundial advierte que el escaso peso relativo de la industria manufacturera india —comparado con el que tuvo China en una etapa equivalente de su desarrollo— limita la velocidad a la que el país puede convertir crecimiento económico en capacidad productiva real, y que los conflictos fronterizos heredados de la época colonial, particularmente con Pakistán y China, exigen una gestión diplomática que puede consumir recursos y atención que de otro modo se dedicarían al desarrollo interno.

El propio ascenso indio, en definitiva, no sigue un guion lineal: analistas comparan el caso indio con el de otros países que en el pasado prometieron convertirse en la "próxima superpotencia" sin lograrlo plenamente, mientras otros insisten en que la combinación de demografía joven, base tecnológica creciente y posicionamiento diplomático astuto hacen de India un caso genuinamente distinto. Lo que parece claro, más allá de cuál lectura termine imponiéndose, es que ignorar a India como actor geopolítico dejó de ser una opción viable para cualquier potencia establecida, incluida China, con quien mantiene una rivalidad que definirá buena parte del equilibrio asiático de las próximas décadas.


Fuentes: Grupo Milenio, Nueva Revista, El Orden Mundial, Jointly News, Vértigo Político, Wikipedia (India AI Impact Summit 2026, 18th BRICS summit).